Thursday, October 8, 2015

De México a Madrid.

Después de 12 días de continuo trabajo en uno de los mejores resorts del mundo en Cancún, México, me bebo una soda y termino de comer una hamburguesa antes de caminar a la puerta donde un Airbus 330-300 me espera para llevarme hasta Madrid, donde haré tránsito para volar a Amsterdam horas más tarde. 

Me siento a esperar frente a la puerta C14 mientras me quedo dormido. Una chica se acerca y me pregunta si el asiento vacío junto a mi está siendo ocupado, le digo que no. Quiero seguir durmiendo, pero por temor a perder el vuelo vuelvo al libro que he estado leyendo los últimos días, "El Álamo", en donde Paco Ignacio Taibo hijo cuenta la verdadera historia de como México perdió su territorio del norte frente a los gringos. El sueño no me deja seguir leyendo, pero cerrado el libro se van cerrando mis ojos, y se abren rotundos cuando de pronto me llama la atención el documento de Microsoft Word que la desconocida junto a mi edita en su laptop, saltando a mis ojos los nombres de reconocidos autores literarios de nuestra América Latina. Le pregunto; "Trabajo o estudios?"... ella me contesta, "ambos". 

Desde ahí nuestra charla camina, y mi cansancio importa poco poco a poco. Caminamos a la puerta del avión por un pasillo con mucha gente y muchas historias, revisamos en nuestros pasajes si estaremos cercanamente sentados dentro del aparato que nos hará volar hasta Europa; nuestros asientos no coinciden ni por poco. Me siento entre la ventana y un hombre mayor con cierta obesidad que se prepara para el viaje mientras lucha con su tamaño en el asiento del avión. Alzo mi cabeza por sobre los asientos para ver si avisto a quién ahora es Iveth, de Veracruz. Ella está de pie junto al suyo, buscando mi afro, me avista y me hace señas de que junto a ella hay un asiento vacío. Me muevo de lugar con mis cosas. Despegando me sostiene con fuerza y me confiesa su nerviosismo con los aviones, la contengo mientras le converso.

Alcanzados los 10,000 metros de altura nos movemos al final del avión donde varios asientos en par se encuentran solos cerca de la cocina. Nos sentamos, comemos, las luces se van y empezamos una conversación sin interrupción en un vuelo sin interrupciones de 9 horas hasta la península ibérica, descubriendo nuestras historias, cantándole al oído, hablándonos despacio, compartiendo vida en español, inglés e italiano. Al final de la recién nacida historia, frente a inmigración nos despedimos y nos besamos aniñadamente. Acabábamos de vivir 20 minutos de aterrizaje, en los que mientras el piloto peleaba contra el viento en su máquina voladora, nosotros conteníamos un beso, acariciando nuestras narices suavemente, sosteniendo nuestras manos, compartiendo algo extraño con un extraño. 

...y así termina México. ¿O así empieza?.

"De Domingo a Domingo te vuelvo a ver...
¿Cuando será Domingo? cielito lindo, para volver".