Saturday, December 15, 2012

Del cómo curarse.


El ser humano a través de los años ha buscado la manera de sobrevivir, cada vicisitud ha sido enseñanza, cada tropiezo un comienzo... no fue necesario haber estado allí para saberlo, porque aunque la ciencia nos lo ha contado, cada día tenemos frente a nosotros la experiencia de nuestra especie... un automóvil, un libro, un edificio, una luz de neón; todas son experiencias de nuestra especie, todo lo que vemos es la última versión de los inventos que nos dieron el título de civilización. Pero aunque todo éste allí de manera casi mágica, aunque contemos hoy día con todo lo que hubiésemos podido soñar, en el mundo de hoy el pesimismo se ha convertido en una de nuestras grandes metas de vida, la mala educación una rutina y el deseo por las cosas inútiles una religión más atractiva... algo pasó, en algún punto nos perdimos, en algún punto el universo dejó de existir hacia afuera y empezó a ser interno, egoísta, malintencionado y balurdo. Entonces en el hoy hay mucho sufrimiento, y al mismo tiempo mucho afán de querer curarlo. Somos almas tristes... nos atamos rápidamente a las ideas de manifestaciones externas, pero adentro algo está mustio y estacionado.

¿En que momento pasó?, quién sabe... pero perdimos la sensibilidad, se cayó en algún lado. Las metas de vida son otras, reunimos dinero para comprar el auto deseado antes de haber agarrado coraje para pedirle perdón a un padre, organizamos viajes y nos sentimos orgullosos de haber trabajado y logrado cenar una noche en un restauran lujoso de París, pero hemos fallado en si quiera regalarle un abrazo al abuelo en navidad. Y no nos importa, no reunimos dinero ni hacemos planes para alimentar el corazón... eso son cosas secundarias, cosas que no se pueden arreglar, "lo hecho está hecho", "lo pasado pisado" o aquella frase absurda y común de "Si amas algo déjalo ir, si regresa es tuyo, si no regresa es que nunca lo fue". Prestamos más atención a frases vacías que viajan por las redes sociales que a los hechos que marcaron nuestra vida y debemos liberar en vez de evadir. Si hace millones de años tres compadres con frío en una cueva encontraron frotar dos ramitas de madera y descubrieron la combustión, que segundos después se les manifestó con el fuego que los calentaría, ¿Cómo puede ser hoy difícil dejar aquello que nos hace sufrir? ¿Cómo puede ser hoy difícil vivir de nuestra plena consciencia y no de ideas de espejismo?.

"Nadie cree en la felicidad. Parece que el hombre no puede ser feliz... si hablas de tu depresión, de la tristeza, de la infelicidad, todo el mundo se lo cree; parece algo natural. Si hablas de tu felicidad nadie te cree; parece algo antinatural". 
Osho, en su libro "Alegría".

Visto hasta aquí entonces el punto no supone una cura... si no, un racionar de nuestras acciones, una verdadera sinceridad ante nosotros mismos. No necesitamos cura, necesitamos conciencia. Hace poco fui al cine a ver Life Of Pi, la película de Ang Lee basada en la novela fantástica de Yann Martel. Poco tuve que ver del film para que las lágrimas empezaran a brotar desde mis ojos, poco tuve que aguantar, porque la película supone un viaje maravilloso de enseñanzas al alma, a la sinceridad, a los corazones limpios... palabras y sentimientos demasiado pesadas para la humanidad hoy en día. La sociedad, como bien expone Osho en su libro "Alegría", nos sumerge en una tarea exhausta de competencia y arrojo sobre carnadas, y en esa tarea se dispersa la felicidad... se nos hace humo.

"Existe el placer y existe la dicha, renuncia a lo primero para conseguir lo segundo" 
Buda Guatama.

En Life Of Pi hay una escena en que el león quiere cazar a Pi, nuestro personaje principal. Ambos están solos en un bote, dividido éste por la mitad con una capa que cubre las provisiones -en ésta mitad está Pi-, y en la otra, la mitad descubierta, está nuestro león intentando alcanzar a su presa, el joven Pi. El león expresa mucha rabia y agresividad, gasta todas sus energías en tratar de alcanzar a Pi... pero no puede, algo se lo impide; el material del que está echo la capa que cubre la mitad  del bote donde ésta Pi. Se trata de un plástico flexible e impermeable color blanco, el león pone sus patas delanteras y no puede seguir adelante, pues sus garras tan grandes y afiladas quedan enganchadas, lo intenta una y otra vez, pero no puede, el plástico lo confunde, y como animal irracional no puede pensar en guardar sus garras y agresividad para así poder acercarse a Pi... es normal, es un animal. Su irracionalidad le salva la vida a Pi. 

Es curioso analizar la manera en la que el león quiere acercarse a su presa, es lógica, está hambriento y siendo depredador debe comportarse como tal... pero si traemos la situación a un terreno más humano, no es mucha la diferencia entre ese león y muchos seres humanos. ¿Cuantos no se han topado con esa persona que muestra afecto de las maneras más rudimentarias?, aquel ser con miedo e irracionalidad que busca cariño, pero gasta demasiadas energías en aparentar lo que debe ser... he allí un principio fundamental de vida, alguien nos enseñó a defendernos de los demás, como si estos presentaran un peligro nocivo para nosotros. Un abrazo no es algo que se gana fácilmente, un mirada bondadosa no es algo que se regale a un extraño, en un sitio debemos comportarnos de determinadas maneras, ser seres "racionales". Y entonces nos quejamos de la soledad, de lo triste de la vida y de lo egoísta de algunas personas... pero estamos siendo solamente un león más, que no puede acercarse al amor de otro ser humano, porque al querer conseguirlo sacamos las garras y los dientes. 

Un niño espera a su padre en la guardería a la hora de salida, otro niño más pequeño está sentado a su lado... está llorando. El mayor se preocupa, se entristece con la tristeza de su homólogo y se aventura a preguntarle; "¿Estás bien?"... el niño le mira los ojos, y le contesta de manera irracional, lanzándole un golpe con fuerza en la boca del estómago. Se levanta y se va. El niño mayor se queda sentado, llorando... ¿Que sucedió? ¿Que estuvo mal?. La rabia irracional en un niño es algo normal... de un niño podemos esperar las garras y los dientes del león, ¿Pero y en un adulto?. A lo largo de nuestras vidas encontraremos y seremos adultos que reaccionan de la misma manera a la bondadosa pregunta "¿Estás bien?". la diferencia en el adulto es que éste es un ser "racional", una persona "madura" que puede conversar su tristeza. Pero cuanta mala costumbre le rodea, que también golpea cuando se le pregunta. Quizá no lanza el puño al estómago, -no podría, no es racional-, pero sí sabe responder con indiferencia, desprecio o descalificaciones. El adulto arrastra la manera de contestar que tenía de niño... cuánto miedo hay en hacer frente a lo que nos pasa, cuanto pesimismo tenemos como meta de vida.

Entonces la pregunta de "¿Cómo curarse?" viene siendo un espejismo más, y sería mejor emplear un "¿Cómo me comporto?", "¿Cómo y qué quiero vivir?"... para entonces así, concientizar que la cura no hace falta. Cuando yo empecé a seguir el budismo me encontré con uno de los puntos principales de ésta filosofía, ¿Que hizo Buda para ser tan admirado?... Una parte de la historia cuenta que Buda fue un príncipe con muchas riquezas, lo abandonó para encontrar un propósito en la vida, y en ese proceso, en el que dejó a su esposa y a su hijo, Buda alcanzó la dicha bajo un árbol. Estuvo bajo el árbol y encontró la iluminación, el despertar... y allí nació. ¿Que sentido tiene esto?, ¿Que sentido tiene que un hombre encontró la felicidad meditando bajo un árbol?... no tiene ninguno, y precisamente el Budismo se trata de éste punto "absurdo".

Las religiones del mundo nos calificaron de impúdicos, pecadores, almas que deben estar en constante agradecimiento a Dios... y más bien parece injusto que aquello que a la naturaleza le costó tantos miles de años se le atribuya a un Dios. Desde allí, parece que la infelicidad nos persigue, porque no le agradecemos a la tierra que nos ha dado tanto, si no a un ser mitológico, y eso nos creó un efecto dominó... hoy ese Dios es el materialismo y la competencia, y nuestra felicidad es el planeta tierra. La vida tiene un flujo natural, un río abajo, y antes de desesperarse por ver el mar, es preferible primero encontrar lo sabroso de viajar por el río... incluso ver lo hermoso de aquellas rocas que puedan herirnos.  En todo caso lo que el Buda planteó fue más un psicoanálisis ligero y ateórico, un bienestar que no depende de nadie más que de ti mismo. Mi reflexión viene del cómo curarse, y desemboca en que no se trata de curarse, se trata de tener conciencia.