miércoles, 20 de agosto de 2014

2 años, 9 meses, 1 Malasia.


Prólogo


“Toy’ contento, yo no sé que es lo que siento,
voy saltando como el río como el viento”
—Billo Frometa.

Si mi vida fuese representada en una gráfica desde 1992 hasta hoy mostrando la actividad de la endorfina en mi cerebro, se descubrirían estos últimos meses como los más prósperos en dosis extras. No todos los seres humanos tienen la dicha de encontrarse felices en un 100%, y al parecer no sabemos por qué. Cuando somos muy niños se nos lleva a la escuela, un lugar donde se nos enseña a usar el papel para después enseñarnos a cuidar los árboles; algo en el mundo tiene cierta ironía y cinismo radical, hay tanta doble moral que se nos hace demasiado difícil reconocernos. En la vida cunde el caos, existe cierta tensión por los ayeres y cierta consternación por el mañana. ¿Y hoy?, ¿Hoy es un buen día para cierto qué?. 

En 2011, Juan José Campanella, produjo en Buenos Aires junto con Telefe, una serie unitaria que además escribió y dirigió. Dentro del universo de El hombre de tu vida habían dos personajes maravillosos; El padre Francisco, interpretado magistralmente por Luis Brandoni, y Hugo Bermúdez, interpretado por Guillermo Francella. En una de aquellas tantas grandes conversaciones que estos dos personajes sostuvieron en pantalla, hubo una particularmente resaltante: Se encuentran los dos en la iglesia, como de costumbre;

“—Desde esta mañana que tengo una sensación en el pecho padre de…” —Le dice Hugo a Francisco y se queda callado.
“—Anbustia” —dice el padre, atreviéndose a terminarle la frase. Hugo lo ve un poco desorientado, cree haber escuchado mal. El padre continúa;
“—Es angustia, pero yo le digo mal a propósito para quitarle peso viste?. A la bronca le digo ronca, al dolor olor… le falto el respeto… y ayuda.” —finaliza sonriente.

El lenguaje se des-cubre en la escena, deja verse con timidez por encima de la literalidad; La iglesia nos ofrece la historicidad, los errores pasados de los que se debe aprender. Hugo representa la consternación por el mañana, y el padre, siendo ese “hoy con cierta esperanza”, en tan cortas líneas le muestra una gran lección a su amigo; el lenguaje es la procedencia de nuestro ánimo. “Desconsuelo, aflicción, amargura, melancolía, pesadumbre, desdicha, nostalgia”; “dicha, bienestar, prosperidad, ventura, fortuna, alegría, bonanza”. Las palabras están ahí afuera, nos dan todas las posibilidades. Hay que identificarse con palabras claves, darles forma, color, asociarlas a algún olor y retenerlas en la memoria… tiene que ser algo enteramente nuestro.


En estos dos años y nueve meses, la vida me mostró perspectivas que me hicieron aprender una de las cosas más valiosas de mi vida; hay que vestirse con las palabras galopantes, hay que tatuarselas. Por alguna razón no del todo palpable, desde que llegué a este país mi glándula pituitaria e hipotálamo cambiaron su manera de administrarme la hormona de la felicidad; las comidas, la música, la risa, las ilusiones sanas, un hobby, el recuerdo de sucesos felices, el contacto físico con los otros, la vida diaria... todo afuera me da cierta felicidad, todo tiene cierta bonanza, cualquier lugar me es bueno para meditar, lo mismo me da agradecer que estoy vivo frente a un edificio que frente al mar, y eso se lo debo grandemente a con quienes he convivido. Hoy agradezco poder ver el mundo a través de mis ojos, dándome la oportunidad de confiar y reforzar mis conceptos, yo a este país le debo mucho más que una beca.


Caracas.

“Caracas libertadora, Caracas la encantadora…
te traigo con mis canciones dos corazones; mi pueblo y yo”.
—César Prato.

Santiago de León de Caracas es la capital de Venezuela, mi país de origen. Para mí ésta siempre fue una ciudad agradable, sinónimo de vacaciones, la conexión infalible hacia cualquier parte del país. No faltó una vacación en la que antes de ir a la playa (o a los Ándes), pasáramos primero algunos días en Caracas. 8 eran las horas que debía manejar mi padre desde nuestra Ciudad Bolívar, mi hermana se colocaba sus audífonos y se echaba a dormir, para mí el viaje era trascendencia, y nunca me cansé de repetirlo. En dicha movilización había una valiosa razón; visitar a mi abuela. Carmen Pilar, la madre de mi madre, fue la primera gran persona que Caracas me dejó descubrir… 20 años más tarde, Malasia me dejó descubrir algunas más, y la trascendencia nunca se acabó.

Mis primeros meses en este país fueron de malos entendidos. Yo no llegué a Malasia solo, me acompañó una caraqueña, quién de hecho me puso en contacto con la universidad (Limkokwing University) y su programa de becas. No la conocía entonces, cuando nos tocó vivir juntos. Llegamos a un país del que no sabíamos nada sin saber nada el uno del otro, y aunque ella me invitó a ser buenos amigos y a vivir esta experiencia de lo más chévere juntos, yo era otro David. 18 años tenía, traía demasiados fantasmas detrás y mi madre estaba demasiado presente todavía. Todo lo malo que ella veía, yo lo podía ver. Sucedió lo que era previsible, me mudé; un solo mes pude vivir junto a la chica con la que me había movilizado hasta Malasia, no aguanté las diferencias, sus conceptos de vida, su manera de pensar y de ser, no había comodidad. 

Año y medio después, ahora, la he conocido bastante mejor. Veo hacia atrás y entiendo mi aprensividad. Hace unos meses nos sentamos juntos a fumar un cigarrillo… hablamos largo y tendido de aquel tiempo primerizo en este país, descubrimos que habíamos hecho cosas que nos habían herido, entendimos que eso tuvo que pasar porque estábamos viviendo otros procesos, y desde entonces, desde aquel cigarro, me he encontrado con una de las personas más maravillosas que jamás conocí, además alguien con quien comparto muchas visiones que tengo de la vida.

Antes de llegar a este punto en el que recuperé una amistad que nunca había nacido del todo, viví dos años con dos otros caraqueños, que de completos extraños llegaron a ser dos de los seres más inolvidables de este tiempo en Malasia. Toda mi vida en Venezuela fui lo suficientemente conservador para reprochar cualquier cosa que pareciese demasiado diferente, en el rock veía tatuajes, cigarrillos, marihuana, música pesada... Me tocó vivir con dos genuinas representaciones de fanáticos de rock, y descubrí que el género era oposición. Fui saliendo de poco en poco con ellos, siempre precavido, siempre pendiente de no cometer el pecado de ser tan inconsciente e irresponsable como ellos. Poco a poco fui conociendo a los rockeros extremos; uno pintaba rostros de ancianos como no se los vi pintar a nadie, él siempre quiso enseñarme como conquistar a más de una mujer y no ser descubierto, pero yo estuve interesado en aprenderle otras cosas, como que su arte realmente dignificaba el ejercicio. Le conocí de cerca, conocí muchos aspectos de su vida, pero de alguna manera le entendía más cuando veía sus pinturas… y un artista en esencia es eso, aquel que no expresa demasiada verdad en quién es, si no en lo que crea. 

Mi otro housemate, más rockero que el anterior, me dio otra gran lección con aquello de las primeras impresiones y los conceptos preconcebidos. Aquel hombre era la representación de la inexpresividad, es esa persona a la que no le caes bien, pero tampoco le caes mal, te habla poco y con demasiada ironía, se burla de ti y le acompaña siempre cierto racismo. Eso es afuera. Adentro este ser humano me demostró lo que era la verdadera fragilidad, me enteré que se puede ser querido por gente que parece no querer a nadie, gente que al final es tan mal entendida y mal juzgada, pero talentosa, y con mucho sentido común. Él además me acompañó a la aventura de volver a los videojuegos… cuando era niño jugaba la Súper Nintendo y la Nintendo 64 con mi hermana, llegué a jugar mucho del PS1 y PS2 de Sony con los vecinos de la cuadra, pero hoy jugar videojuegos es otra experiencia… y encontré a alguien en un mundo de rock que les da el mismo valor que yo; desde que vivimos juntos no paramos de jugar.

De esta forma Caracas se vino hasta Malasia conmigo. En la embajada de Venezuela en Kuala Lumpur, con la que todos los becados tenemos un contacto bastante prolífico, también encontré grandes personas. Cuando era niño, la felicidad en Caracas era producto de la familia, cada que intenté hacer algún contacto externo sentía que en la ciudad vivía gente que estaba mucho más adelantada que yo… incluso los niños de mi edad eran de palabra más rápida, tenían seguridad, yo sentía que podían comerse al mundo. Pero esos niños seguramente no se fueron a Malasia, y al mundo no puede comérsele viviendo en Caracas.


La Gran Colombia.

“Un barco frágil de papel parece a veces la amistad,
pero jamás puede con él ni la mas fuerte tempestad” 
—Alberto Cortez.

La Gran Colombia fue un país de América del Sur del que duele decir que ‘fue’. Existió solo 10 años allá, hace ya casi 200. En Cyberjaya, la ciudad inteligente de Malasia, en el piso 9 de un edificio residencial, La Gran Colombia existió  para mí poco menos de 4 meses, hace ya casi 3. Pasé días divinos en este hogar, un apartamento bastante pequeño en el que vivían dos Venezolanos de San Cristóbal, una Colombiana de Bogotá, y un Ecuatoriano de Cuenca. Ya sé que falta un panameño, pero no importa, si había algo que me hacía volver a esa casa todos los días era la sensación de familia. Las comidas, las charlas... estaba la niña consentida, el músico, el pensador, la dicharachera, y estaba yo, que me identificaba con todo eso. Les mostré mucho cine, conocí mucha música, les quise muchísimo más de lo que imaginé en un principio, y crecí montón.

La primera embajadora de ésta celosa (y casi exclusiva) prefectura de Cyberjaya fue la dicharachera de Bogotá. Un ser humano lleno de optimismo y mucha luz con el que los últimos vestigios de mi tristeza y desesperanza desaparecieron. Si la gente trae música, ésta sin duda se traía todo el vallenato de su país… algo que me llegó de pronto, me contagió y se apoderó de mí; me enseñó que si era posible hacer realidad el sentirse de buen ánimo más siempre que casi siempre. A eso le acompañó la música que tanto compartí con el músico de San Cristobal, con quien por primera vez en mi vida sentí que alguien apreciaba mi modesto papel en la música... a la que siempre tuve tan cerca, pero nunca aprendí. Las pláticas filosóficas con el pensador cuencano; largas conversaciones en las que siempre habían palabras como "átomos", "energías", "teorías"... siempre dándome increíbles perspectivas. Estoy seguro que en esos momentos en los que dudamos de nosotros mismos, siempre seremos un buen ancla en la vida del otro para no perder los objetivos. La niña consentida de San Cristobal era la arquitecta; con ésta mujer conversé como probablemente no conversé con nadie en este país, tantas tardes compartidas en las que solo nos dábamos tiempo para escucharnos mientras esperábamos a alguno de los muchachos. Un domingo de Abril me la llevé a Kuala Lumpur en mi moto, y caímos a 80 Km/h. Estuvimos mal, adoloridos e inválidos por un tiempo... pero estoy seguro que nunca cayó la bonita amistad que creció tan rápido.

No pudo ser en otro lado que aquí ese nacimiento del sentimiento maravilloso de ser latino, los quise más allá de amigos, estos eran mis hermanos Latinoamericanos. No compartí con nadie más como con ellos tanta música nuestra, las cosas que escuchábamos en casa eran un constante recuerdo de nuestros viejos, desde Billo’s Caracas Boys hasta Pueblo Nuevo, todo lo que cantábamos estoy seguro que nos hizo más patriotas y orgullosos de la América Latina que nunca; había una celebración constante de nuestras tierras. Cuanto bolero bailamos, cuanta salsa, cumbia, vallenato, bossa nova, samba… y hasta Chayanne, Ricky Martin o Moenia. Había mucha música en nuestra vida, y estoy seguro que eso me hizo tan feliz a mí como a ellos. Grandes amigos conocí en esta gran Colombia, grandes cosas me llevé de ellos, pero lo más valioso de entonces fue darme cuenta que vale la pena querer hasta los huesos, porque aunque aquel tiempo fue un tanto esporádico, de verdad me dio motor y energía para vivir por años. 

Arabia Saudita.

“Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío,
que no lo puede llenar la llegada de otro amigo”
—Alberto Cortez.

Tengo un buen amigo nacido en Siria que vivió toda su vida en Arabia Saudita. Tuvo un pasado violento, lleno de drogas y peleas, su familia es estrictamente religiosa y se han decepcionado de verle tomando alcohol. Tendrá su castigo; volver a Arabia Saudita. “It’s a huge jail” (Es una cárcel gigante), me dice. No hay cines, no se ven mujeres en la calle. No quiere volver, pero no tiene de otra. Hace casi 5 años dejó su país para empezar una vida nueva lejos de excesos y malos hábitos, y lo logró. Luchó con sus problemas y ganó. Vivió de la manera más sana que pudo, agradeció, estuvo siempre enamorado de las visiones diferentes al islam, y se flechó con una venezolana. Me enseñó todo un nuevo concepto de voluntad, y de hospitalidad.

Me invitó a su casa, viví allí 2 meses, en una casa que rentaba con sus amigos. No me dejó pagar internet, electricidad ni agua, recorrí el par de lugares que me quedaba en la lista de ‘cosas por ver al rededor de Kuala Lumpur’, me topé de frente y fui protagonista de la desigualdad económica en su círculo de amistades, conocí gente muy adinerada y muy sencilla, conocí a una princesa de Jordania, tuve cenas increíbles, fines de semana muy movidos, tomé muy buenas fotografías, conocí montón de gente encantadora, tuvimos, todos los que nos quedamos en su casa (una caraqueña, una maracucha, él y yo), mucha experiencias intensas, donde incluso vivimos esos pleitos que solo se tienen con la familia. Viví casi 3 meses en ésta Arabia Saudita, la de mi amigo, la de hospitalidad, de mente abierta, de igualdad, de respeto. Le enseñé a Kevin Johansen y nos la pasábamos cantando la única canción que el podía pronunciar. Le usé su ropa, sus zapatos, su auto, el auto de su amigo, su cocina, su cuarto, su baño… y  jamás recibí una mala cara o alguna insinuación. Si alguna vez viví mirando mal al otro, con cierta desconfianza… con este ser humano descubrí todo un nuevo significado de compartir y de confiar.


Países Bajos.

“Esta es nuestra fiesta, candado y cresta… nuestra fiesta”
—La Vida Boheme

Mi formación cinematográfica en Caracas fue grandiosa. Entré por allá por 2010 a ser parte de la Escuela Nacional de Cine que abrió sus puertas en Febrero de ese año. Me aventuré al cine por aquella cosa de que me encantaba actuar, pero descubrí dentro de aquellas puertas de Bolívar Films (empresa cinematográfica más importante del país) un arte maravilloso, un lenguaje con el que no me había topado pero que me moría de ganas por aprender. Gabriel Brener, Argentino, fundador de la institución, nos hizo conocer a la gente que teníamos que conocer, nos trajo grandes fotógrafos, guionistas, productores, gente que hacía un espacio en su agenda y dejaban los sets un par de horas para enseñarnos algo. Por esta misma razón, por más que se peleaba con el ministerio de educación para un posible reconocimiento a nivel nacional, esto no podía lograrse. Brener tenía que cambiar su manera de enseñar, tenía que traer “verdaderos docentes” universitarios… aquel mismo principio de la escuela y el papel.
La oportunidad de viajar a Malasia se dio cuando todavía no había terminado cine en Caracas, y tuve que decidir. Me fui con cierto dolor, claro está, pero bastante esperanzado, Gabriel me dijo en varias oportunidades que tenía fe en que yo sería uno de los pocos en hacer algo realmente grande. Llegar a la universidad de Malasia, en contraste, fue demasiado chocante. Nadie en esta universidad está satisfecho del todo, no soy el único. Mi carrera; cine y televisión, es meramente televisión, y sí, por supuesto que te enseñan cómo escribir un guión, te enseñan a agarrar la cámara, prenderla, las cintas, todo eso… pero no te dan las herramientas para que mires más allá, no te retan, no te invitan a explotar el talento desde un punto de vista más trascendente. Se le da más importancia a la palabra ‘género’ que ‘metáfora’, es decir, importan las formas, los lineamientos, la técnica… pero sin profundidad, sin el atreverse a tocar, hablar, y explorar las cosas dolorosas de la vida, porque eso es el cine.
El semestre pasado (el 2do de la carrera) me tocó un profesor de los países bajos. Por aquello de que era occidental, desde el inicio del semestre estuve expectante a recibir una sorpresa de este personaje que entraba a mi vida académica. Nos mostró muchas películas viejas, lo que enriqueció mi manera de mirarlas… vi mucho cine clásico en Caracas por supuesto, y verlo de nuevo aquí después de casi 2 años sin cine me levantó de entre escombros. Pero algo faltaba, todavía sentía que este profesor debía sorprenderme de alguna otra manera, que su película favorita fuese cercana a las mías, que entendiese los planos “interminables” de mis guiones, o que me recomendara una película que cambiara mi sentido de ver el cine. Si ya sé, la “mala costumbre” de Caracas. Pero no pasó; en cambio una tarde me escribió en el Facebook y me compartió un concierto de La vida Boheme en una radio de Los Ángeles, me soltó un simple “here you go” (aquí tienes). Me lo escuché completo, y se lo hice escuchar a varios amigos no venezolanos. Hubo algo de agradecimiento a mi tierra en su gesto, y eso es lo mejor que me llevo de él. Me pasó música de Chile, de Argentina y de Colombia. Algo me dice que éste señor a mi edad disfrutó de alguna Gran Colombia en la alguna parte del mundo.


Malasia.

“Y los deseos me vieron nacer, los árboles me vieron crecer, el océano me vio navegar, las estrellas me vieron cruzar”
—La Calle 13

En Noviembre de 2011 tomé un avión de Alitalia con rumbo a Malasia. Me esperaban alrededor de 22 horas de vuelo, haciendo tránsito en Italia. Los aviones siempre fueron parte de lo que me maravillaba de la vida, aquellas gigantescas máquinas que surcaban los cielos y hacían un ruido estremecedor. Cuando era niño y mi abuela nos visitaba con frecuencia, amaba la sensación de bajar a la pista y recibirla con aquel vaporón de nuestras tierras. Me fascinaba la inmensidad de los aparatos, y desde entonces supe que sería un fanático empedernido. En la adolescencia, cuando fantaseaba con la idea de vivir en México, me moría de ganas por tomar un gran avión, de esos de 4 turbinas. Había viajado antes, en 2009, en un modesto Boeing 757 de American Airlines con destino a Boston, pero esto era otra cosa… viajé 9 horas hasta Italia, y 12 horas más de Roma a Kuala Lumpur. El otro lado del mundo, aquí se cumplía el primero de mis grandes sueños de niño, aquí yo daba un paso gigante.

Desde ese vuelo descubrí que la felicidad es algo constante cuando se invoca sin esfuerzo. La vida en Malasia modificó mi manera de pensar, de ser persona, me dio la posibilidad de dudar de aquellos conceptos que ya tenía fundados en mi memoria. Todo lo que un día imaginé se desdibujó. Fue doloroso, estuve desilusionado, me sentí fuera de lugar, vencido. Pero fue sanador. Enfrenté mis realidades ante tantas otras, me maravillé de lo que no puede maravillarse todo el mundo, pulvericé temores… vencí muchas batallas en todos los sentidos. Todas las bases que regían mi mundo cambiaron de posición, fui capaz de manipularlas como piezas de lego y colocarlas en una posición con la que me siento descansado como nunca… y hoy estoy aquí, viviendo todavía los impactos a los que nos enfrentamos aquellos que abandonamos nuestro país, extrañando las cosas que ya no volverán, deseando aquella comida tan favorita, pero me fui enriqueciendo de los impactos, es algo que puedo sentir incluso en mi manera de escribir… nunca antes había tenido líneas tan esperanzadoras y plenas, que para mi son el reflejo del ánimo galopante y la sonrisa en el alma que me ha dejado el vivir 3 años al otro lado del mundo. 

Malasia, un lugar con cierta tensión de no-democracia, con cierta tensión de racismo, con ciertos mitos hacia los extranjeros, y muchos otros mitos con el Islam, ha sido desde hace tres años una cuna de aprendizaje. He podido convivir con gente de casi todos los países del mundo, es increíble, es inexplicable, te abre la cabeza… tantas costumbres, creencias y nacionalidades juntas aquí, una fuerza de juventud y diversidad. Dónde si no aquí encontré hermanos Latinoamericanos de grandioso valor… la maravilla de poder hablar la lengua nuestra frente a un montón de Chinos, Árabes, Europeos o Indios, que siempre te dirán “I wanna learn spanish so much…” (Me muero por aprender español), “It’s so sexy” (Es tan sexy), y te bromean con un “gracias senior” mal pronunciado. En Malasia llegué a entenderme como latinoamericano, me reconocí en mi manera de ser y de pensar, entendí nuestra historia, valoré tradiciones.

Malasia, son casi 3 años. No sé ni siquiera como concluir todo lo escrito… y ¿Cómo?, he vivido de todo en mis días malayos, entré a iglesias, mezquitas y cantidad de templos budistas e hinduistas. Me topé con los cinco continentes en un mismo lugar… canté, bailé, debatí, discutí o abracé a gente de Alemania, Lithuania, Botswana, Namibia, México, Colombia, Argentina, Ecuador, Uruguay, Corea del Sur, Bhután, Nepal, Filipinas, Indonesia, Tailandia, Arabia Saudita, Jordania… ¡Tantas diferentes miradas del mundo! …me encontré a tanto Backpacker con una historia maravillosa... me senté a comer con gente que hablaba en Árabe, Chino, Tamil, Bahasa, Inglés, Tagalo, Siamés, Hangul… aprendí expresiones y palabras de varias partes del mundo que hice muy mías. Me descubrí de nuevo como ser humano frente a tantos rostros y lenguas… entendí el sentido de la colectividad. Amo el hecho de haber salido al mundo, y amo el hecho de que ese mundo haya empezado aquí, Malasia… truly Asia.

Termina el domingo 17 de Agosto de 2014, terminan las vacaciones, termina la vida en Malasia para muchos de mis amigos, quienes están gradualmente dejando el país… yo por mi parte seguiré (afortunadamente) disfrutándolo, al menos un año y 6 meses más.



martes, 5 de agosto de 2014

El reto.

25 grados de temperatura en el salón de la pantalla gigante. Todo el mundo está preparado, bebida  y chuchería en mano. Afuera muchos anuncios tienen la palabra "cine". Cine aquí, cine allá, le preparan a uno para la batalla. Se dan cita todos los asalariados y los dependientes, hay todo tipo de gente, los matrimonios caducos, los recién empezados, los que no van a entender y no les importa, los que se matan pensando. Todo tipo de gente se da cita en este, el lugar donde cosas maravillosas pasan, donde se hunden barcos, donde se deja ver la luna, un sitio con tal comodidad que ni siquiera el sonido aturdido de las publicidades impide que la gente lo use para conversar, compartir y distraerse. Todos alzan la voz para dejarse escuchar, mientras una voz gigantesca te aturde diciendo que compres, por detrás escuchas el romance de una vecina que vive al otro lado de la ciudad, todos quieren hablar, todos quieren decir algo antes del momento esperado, todos se relajan, como sin querer, lentamente, para lo que les viene de frente. Se van disminuyendo las luces laterales, empieza cierto silencio, varias pantallas de celulares se encienden y apagan rápidamente, los padres callan a los niños, entran apresurados un par de sujetos a tomar su puesto... todo está listo. Empieza el reto. 

lunes, 4 de agosto de 2014

La época de las cruzadas.

Es un día caluroso, eso en Kuala Lumpur, ciudad capital de Malasia, no es nada extraño. Ahmed ha estado las últimas tres horas comprando bebidas energéticas, no soporta el calor, no soporta la idea de manchar con desodorante sus camisas. Sin embargo está contento, aunque desearía no estar en ese instante en el centro de la ciudad, donde converge tanta gente y tanta humedad. Desde hace 3 semanas prepara un viaje encantador, ya varias veces ha viajado allá, pero igual, siempre hay una buena oportunidad para gastar capital. La isla es Langkawi, al noreste de la península Malaya. Todo el mundo quiere ir a Langkawi, todo el mundo se quiere cruzar allá. Pero Ahmed no está del todo feliz por ir a Langkawi, y es por eso que en este instante está soportando toda esta tragedia griega... Ahmed necesita un bolso nuevo para poder viajar. Por supuesto tiene ya cantidad de bolsos nuevos, pero siempre hay que renovarse, ¿o no?. Entra en una tienda COACH para disfrutar del aire acondicionado, y sin querer, se ve atraído inmediato hacia un bolso de cuero, de importante tamaño, cierres casi invisibles y un gris mate precioso. Es el bolso. Ahmed lo toma de su lugar de exhibición y lo coloca sin cuidado en frente de la caja registradora. Quien le atiende, una adolescente China, le sonríe de par en par, toma con cuidado el bolso y lo marca en la máquina... son 3.250 Ringgits, la moneda Malaya, unos 1.080 dólares americanos aproximadamente. Ahmed está feliz, el 'bip' de la máquina identificando el código del que será su bolso "playero" le hace respirar aliviado.


Unos metros más lejos de la tienda COACH, en uno de los pasillos con bares y restaurantes más concurridos de la ciudad, está sentada Verónica, tomando un jugo de naranja en un restaurante bastante costoso. Los meseros, como buitres, la miran desde el bar con particular atención... no, no es su belleza, es que en las ultimas dos horas solo se pidió un jugo de naranja. Yo no creo que exista mayor preocupación para un mesero que el cliente que solo pide una vez... porque para eso solo hay dos escenarios; o el cliente se dio cuenta que no tiene dinero para pagar y no sabe que hacer, o peor, el cliente sabe que no tiene dinero para pagar y planea irse sin finiquitar su deber de ser un buen civil. Pero Verónica no es ninguno de estos dos casos, los Filipinos que emplea el restaurant Alemán estarán los próximos 20 minutos preocupándose más, porque Verónica no querrá nada más que su jugo de naranja. Está feliz, ha pasado los últimos dos meses de su vida haciendo el viaje que siempre había soñado. Desde Ulan Bator hasta Tokio, de Tokio hasta Nom Pen, de Nom Pen hasta Kuala Lumpur... Verónica ya vio lo que tenía que ver, presenció los atardeceres más bellos del planeta, miró las caras más bonitas, las más inocentes, reunió con arduo trabajo el capital y se embarcó en un viaje inocente sin mucho equipaje. Ahora está plena, tomando su jugo de naranja, relajando el cuerpo para la intensidad de las que serán sus últimas 3 semanas siguientes de viaje. En un par de horas más tarde tendrá que estar en el aeropuerto para viajar hasta la Malasia oriental, visitará un par de lugares y terminará definitivo su viaje en la isla de Mabul, frontera con Filipinas. Ha gastado con asombro la cantidad exacta que tenía prevista para su viaje, y piensa terminarlo con broche de oro, gastando la misma cantidad que a unos metros de ahí un hombre gastó en su bolso playero; sus últimos 1.000 dólares americanos antes de volver a casa.



De regreso en la tienda Ahmed se ha recuperado ya, y abandona satisfecho la tienda con su bolso nuevo. Cruza la puerta y prepara sus pulmones, saca su paño del bolsillo derecho y seca su frente una vez más. Camina hacia el pasillo de bares y restaurantes, no conoce otra manera de bajar al valet parking. No le gusta mirar al frente cuando está apresurado, no le gustan los asiáticos, y evita con precisión prestar atención al camino. Verónica, con sus historias, viene de frente, distraída por la arquitectura. Se detiene un momento a tomar una fotografía, busca la cámara en el celular, y al levantarlo queda fotografiada la cara de Ahmed y su pañuelo, 5 segundos antes de estrellarse contra Verónica en el centro del centro de la cuidad. El celular sale disparado hacia el piso con velocidad, se dispara la pantalla... se muere la vía de comunicación de Verónica con sus seres queridos. Ninguno de los dos ha caído al suelo, pero Verónica, quién es bastante más pequeña que Ahmed, sigue un poco aturdida por el impacto, buscando su celular... "Shit... where's my phone?!" (diablos, dónde está mi celular?) se pregunta como a ella misma, pero mirándolo a Ahmed fijamente. "I don't know" (no lo sé), contesta él sin preocuparse... y toma la decisión de irse.



Todos los que presencian el hecho al rededor les miran fijamente... todo los que pasan caminando, sin conocerse, cruzan las miradas unos con otros. Unos quieren reírse, otros tienen intención de ayudar, y todos buscan aprobación en los otros. Quieren ver a los otros reír o ayudar, para atreverse a reír o ayudar. Pero no importa, Verónica recupera su celular en partes, se desilusiona, pero camina con la frente en alto... no tiene celular, pero tiene toda una aventura por delante, y un chichón. Quizá también a Ahmed le espera una gran aventura. Quien sabe, pero así estamos, viviendo en la época de las cruzadas... todos los días cruzándonos con la desigualdad apabullante, en todos los rincones del mundo; la mirada del niño pobre pidiendo dinero que se cruza con la mirada del niño rico que estira la mano y provee un centavo; la mirada del oficial que se cruza con la golpeada mirada de la persona que protesta; la mirada de quién pide a gritos un celular con un arma que se cruza con la mirada de quién tuvo que trabajar por eso; la mirada de quién dispara el misil, que se cruza con la mirada de quién lo recibe. Y así hasta este instante, la mirada de un hombre de Arabia Saudita que compra un bolso, con la mirada de una soñadora Argentina. Vivimos así, nos miramos sin afán de conocernos, de importarnos... cada día menos amigos, y menos hermanos, y menos humanos.

sábado, 19 de julio de 2014

The ones from television...

- "You don't understand. Don't you see? my manhood is in your hands. I love you seagull".
Says Rodrigo to the woman of his life, desperate while crying in the hallway. She looks at him with reluctance, as if not wanting to say what were in her mind...
but she say it, right before a commercial break. 
- "You don't understand Rodrigo. I can't correspond to your love" 

There they are, looking each other's faces in close-up and pretending 'puppy love', Eduardo Yáñez (Actor) and Angélica Rivera (Retired actress, now First Lady of Mexico), on the prime-time soup opera Destilando amor (Distilling love) in 2007; it begins one of the firsts movements from Televisa Group (biggest American mass media company, first in the Spanish-speaking world) to achieve the rise of Enrique Peña Nieto as a public figure... capable of winning the next presidencial elections. I do not know this yet. 

I'm in the sofa watching television some years younger than now, my father is back in the kitchen pouring tomato sauce to the scrambled eggs is about to eat tonight. Mom already went to sleep after a few glasses of wine... and I've spent the last 3 hours watching the dismay of Rodrigo, Rafael, José Miguel, Maria... and so many other names that were born from the minds of television producers which are living in a country where the percentage of extreme poverty is insane. In my adolescence I watched as much soap operas as it was me possible; now I do not watch television, but when I do (once a year), I am surprised to realize that nothing changes. Being one of the most powerful media for so long, television, how could not be used for more humanitarian purposes? a conscientious purpose.

**
"Una noticia mal contada es un asalto a mano armada"
(A badly told story is an assault with a deadly weapon)
- René Pérez to the press.

"I let my kids watch National Geographic, that would make them cult". Says a teenager accidentally converted into a woman, at 11 pm, making arepitas (typical Venezuelan meal high in saturated fat and sugars) to her two sons. The children are getting prepared to eat, one turns on the Playstation and the other begins to beg the control to his older brother. What a consolation that they're watching National Geographic. Zebras and lions aren't aware, but they're accomplices of the media movements... everything that is real in this world is not in the Kalahari next to a bunch of trees and monkeys; reality is hundreds of miles northeast, in Iraq, Syria, Palestine... as in many other places... on the north Mexican border, or to the south, further south, in Bolivar's homelands, where a small town that looked like Venice in front of Spanish eyes in the nineteenth century, today, two centuries later, only has the certainty of being in what they call "economical crisis". 

"Write something you think is new
and someone will say that the Greeks
had written it long before you."
-Charles Fort

At least in the art of using cameras we still have cinematography. Everyday there are  high-budget productions paying more attention to the talent instead the economical ambition, and low-budget productions with more dreams and perseverance, discovering new venues and doubts, making this the  less contaminated media from the world's hegemony. The 7th art, still young and more alive than ever, stands proudly from its adolescence, amazed on the new ways to tell stories and the technological breakthrough that offers us new perspectives (angles). From this point, other people have learned and patented other arts in social medias... putting time in discussing big or small issues through a camera. It is unfortunate, perhaps, and this might be a negative side, that this power is sometimes in the wrong hands (a camera is a weapon). 

Anyway... television, long-lived, faces the moment of a generation that realizes that imagination, divine gift from childhood, can become a producer of realities... or, more suitable to their terms, a content creator. There are so many people wanting to say something, and so many others who already have said, that the time for other arts are inevitably coming, even some arts we probably haven't seen yet. It is dying, long-lived, the art of lying to the people through a small screen. But before this last line of hope, in which I intend to clarify the future of society, we cannot forget that... the ones from television, if they die... they become zombies.

viernes, 11 de julio de 2014

Los de la televisión...


- "Es que no lo entiendes. No te das cuenta que tienes mi hombría en tus manos. Yo te amo gaviota."
Le dice Rodrigo, llorando desesperado en el pasillo, a la mujer de su vida. Ella lo mira con desgano, como sin querer decirle... pero se lo dice, justo antes de un corte comercial.
- "No lo entiendes Rodrigo. Ya yo no puedo corresponder a tu amor."

Con ínfimos rostros de tristeza en primer plano, se miran desconsolados y pretenden amor adolescente Eduardo Yáñez y Angélica Rivera (actualmente primera dama de México), en la novela de las ocho; empiezan las primeras movidas de Televisa para lograr el ascenso de Enrique Peña Nieto al imaginativo nacional (e internacional). Yo esto no lo sé todavía.

Me encuentro frente al televisor, con algunos años menos que ahora, mi padre está detrás en la cocina, echándole salsa de tomate al huevo revuelto que cena ésta noche. Mamá ya se fue a dormir después de un vinito... y yo estuve las últimas 3 horas viendo el desconsuelo de Rodrigo, Rafael, Lucía, José Miguel, María... y tantos otros nombres que nacieron de las cabezas de productores de televisión que viven en un país donde la pobreza extrema es de una cifra tan dolorosa. En mi adolescencia consumía tanta telenovela como me era posible... hoy día no veo televisión, y de lo poco que sintonizo (una vez al año), me sorprende darme cuenta que nada cambia. Uno de los medios más poderosos durante tantos años, la televisión, ¿Como no pudo usarse con propósitos más humanitarios? ...más de conciencia.

"Yo les hago ver a mis hijos el national geographic, para que se hagan cultos".

Dice una adolescente convertida en mujer por accidente, friendo, a las 11 de la noche, unas arepitas para darles de cenar a sus dos hijos varones. Los hijos se preparan a comer, uno enciende el playstation y el otro empieza a rogar el préstamo del control a su hermano mayor. Que consuelo saber que miran el National Geographic. Las cebras y los leones no lo saben, pero son cómplices de la movida mediática... todo lo realmente real en el mundo -permítanme usar la redundancia-, no está en el Kalahari, está cientos de kilómetros al norte, en el Congo, o un poco más al este, en Sudan... o un poco poco más al noreste, en Irak, Siria, Palestina... en fin, en tantos otros lugares... más al este, en la frontera al norte de México, o al sur, más al sur, en patrias de Bolívar donde un pequeño pueblito que se parecía a Venecia ante los ojos españoles en el siglo XIX, hoy día, dos siglos después, solo le queda la certeza de estar en crisis.

Que bueno que al menos, en el arte de usar las cámaras, nos queda el cine. Cada día las altas producciones se llenan más de talento que de ambición, y las bajas de sueños y perseverancia... inventando nuevos lugares de encuentro, de duda. Un arte todavía jóven y más vivo que nunca, intimidante para quienes hacen video arte, está mirando con orgullo en plena adolescencia cómo cada día encontramos nuevas maneras de contar historias, y cómo cada paso tecnológico nos ofrece nuevas miradas (ángulos). Desde aquí, otros adolescentes han aprendido y patentado en las redes sociales otras artes... compartiendo y discutiendo grandes o pequeñas cosas a través de una cámara. Es lamentable quizá, y puede ser el lado negativo, que con este poder en las manos (una cámara es un arma), haya muchos afuera que sin recibir nada a cambio, utilicen dicho instrumento para promover y vanagloriar a los que los hacen mierda. 

En fin... la televisión, longeva, se enfrenta al instante de toda una generación que se da cuenta que la imaginación, regalo divino de la niñez, puede llegar a convertirse en una productora de realidades... o, más acorde a sus términos, creadora de contenidos. Ya hay tanta gente queriendo decir, y tanta otra gente que está diciendo... que será inevitable que le toque ya el tiempo a otras artes. Quizá algunas que ni quiera hemos visto todavía. Está muriendo, longevo, el arte de mentirle a la gente a través de una pantalla LCD. Pero ante esta esperanzadora última línea, en la que pretendo yo esclarecer el futuro de la sociedad, no podemos olvidar... que los de la televisión, si se mueren... se convierten en zombies. 

jueves, 5 de septiembre de 2013

La evolución del discurso; el descenso de Capriles.

Muchos siglos atrás, en esa parte de la historia en la que solo existió Europa -después de saquear al medio mundo que no incluyeron en sus anécdotas-, y antes de la creación de las ciencias que develaran los secretos sobre nuestro universo con sus múltiples teorías, la iglesia católica preparó una coartada para instaurar de una vez y por todas el orden de la religión sobre el mundo occidental. La coartada era Satán, el diablo, el infierno y las tinieblas. El obedecer (el creer), y toda aquella omnipresencia de la llamada fe, fue entonces consecuencia de salvarse. No había camino libre de creer en un Dios, en el Dios tuvo que creerse para no morir en vano. Ésta fue entonces la mayor creación en la historia de la humanidad, misma que después la Biblia nos graficó con el bello cuento de Adán y Eva, esos dos ingratos. Y con el conocimiento de entonces, no teníamos ni idea de que al otro lado del mundo la gente no se iba al infierno, si no que reencarnaba, o algunos otros incluso simplemente morían y se cremaban, para unirse a través del humo y las cenizas a los espíritus que rondaban la tierra. Entonces después la ciencia nos contó la verdad, en aquellos 7 días en que Adán y Eva jodieron a toda la humanidad, lo único que pudo haberse creado a penas hubiese sido una bacteria. Resulta que la tierra no se creó en 7 días, le había tomado millones de años. Entonces después la iglesia dijo que la Biblia no podía interpretarse de manera literal, y que aquellos pasajes eran metáforas. En realidad, aunque creían defenderse se seguían hundiendo... pero no importa, siguen allí, y siguen siendo lo mismo, cambian de papa como Estados Unidos cambia de presidente. 

En fin, con el paso del tiempo, el discurso va evolucionando, la sociedad se construye y se forma bajo esos discursos, y al final somos aquellos que no somos nosotros. Pero para hacer corto éste, mi discurso, pondré sobre la mesa a lo que vengo a referirme; el discurso de Henrique Capriles Radonski. Hace poco más de un año escribí mi parecer sobre lo que se avecinaba entonces, las elecciones del 7 de Octubre del 2012 en Venezuela. Hugo Chávez seguía vivo y dominante, fiero como siempre, entusiasta y anti imperialista. Henrique Capriles le hacia entonces la "batalla" política, gobernador del estado Miranda, igual de entusiasta, y de poco en poco llego a convertirse también en alguien fiero. En realidad Capriles nunca fue del todo fiero, yo creo que ni él mismo comprendió como fue que nació tanto apoyo de la gente hacia él, y la misma gente fue quién lo impulsó a verse y, ¿Por qué no?, hasta sentirse entusiasta y fiero. 

Para entonces yo escribía sobre todo lo que me inquietaba desde el punto de vista que podía hacerlo, cómo entonces yo con 19 años entendía las cosas,  y que esperaba de todo aquello. Pero bueno, las cosas cambiaron, Chávez ganó y murió. Y la gente de Capriles vio entonces la posibilidad histórica de acabar con el socialismo del siglo 21 que valientemente Chávez trajo a la mesa política nacional e internacional. Después que la gente vio ésta oportunidad, Capriles la vio también... y se avalanzó con fuerza contra el entonces oponente y candidato, Nicolas Maduro. Su discurso entonces cambió, tuvo un mes para desarrollar una estrategia que le valió millones de votos; Chávez ya no está, esto se acabó. 

Pero lo que se acabó en realidad fue la posibilidad de ganar la presidencia. Capriles perdió por un margen muy pequeño, y lo hecho, hecho está, mucho más en un marco político. Maravilloso hubiese sido poder ver a aquel líder fiero aceptar serenamente lo que había sucedido, aceptarlo no le hubiese quitado la posibilidad de denunciar el fraude, de hecho, todo lo contrario, le hubiese dado más valor y credibilidad a todo su movimiento, a su partido, pero sobre todo, a su gente. No creo que el consejo nacional electoral habría hecho fraude, quizá, en ultima instancia, eran muchos quienes controlaban el resultado final antes que el mismo consejo electoral, pero más allá de contar menos o más votos en calidad de sabotearle el proceso a Capriles, el fraude fue quizá más omnipresente, más de fe. Algo así como las elecciones de 2006 en México con López Obrador y Calderón. El fraude no se produce después que la gente vota, se produce antes, mucho antes, con un rasgo más general. Se produce desde el discurso político de los candidatos, que eventualmente irán cambiando sus intereses. El fraude está allí a cada instante, incluso en instancias internacionales como la ONU... y en todo caso, el fraude primero y más grande, antes de las elecciones, es la llamada democracia, a la que incluso a veces le agregan 'participativa', como para que nos quede bien claro, sin dudas.

Capriles apostó por ésta democracia en la que él ni siquiera tiene fe. Si se analiza desde el principio, el pobre hombre no ha creído nunca en la política que hizo el gobierno de Chávez, nunca creyó en el consejo nacional electoral, ni antes ni ahora, entonces, ¿Para qué está allí? ...es como una causa perdida. Pero en realidad la causa no es luchar por la presidencia, si miramos de cerca su discurso, la causa es que se le de la presidencia porque ya nadie puede hacer nada mejor por el país. El cristo de los pobres no viene a ser Chávez ahora, los pobrecitos venezolanos a los que se refería Maria Corina Machado son ahora a los que se refiere Capriles... El verdadero problema con Capriles no es lo que propone políticamente, si no quién está detrás, con quién se rige su política.

En el mundo nosotros continuamos el camino de otros, pero aunque así sea, una propuesta política debe ser bastante personal, ligada por supuesto a montón de factores que le rodeen a uno en ese instante, pero desde la base, al menos como nos mostró Hugo Chávez, el querer hacer política es una pasión, un amor por ayudar a la gente. El poder es secundario, y derrumba éstas ideas filosóficas y bellas que solo John Lenon o Nelson Mandela pudieran sentir de verdad. Aunque no lo queramos así, aunque desearamos que fuese diferente, la política no puede ser filosofía. La política es decisión, y la decisión no puede ser un consenso sobre todos y cada uno de los problemas de cada uno de los millones de personas que están en el país, o consecuentemente, en  la opinión mundial. "Haga el bien y no mire a quién", esto lo demuestra muy bien, creo yo, personajes como Vladimir Putin, o sin irme muy lejos, Rafael Correa. Se siente detrás de su política, ese amor y esa pasión por la ciencia política, sumado al anti imperialismo, y aunque en el caso de Rusia éste segundo no aplique del todo, son presidencias diferentes, donde por ejemplo, en el caso de Ecuador, se basan más en decisión que en amor y filosofía. Chávez no tenía esto del todo claro. Su discurso fue directo y en ocasiones maravilloso, pero se regía por aquel sentimiento de librar una batalla que empezara Bolívar, y que el pensó que debía continuar. No estuvo mal, pero lo llevo a no hacer nada en lo que a política nacional se refería. Toda decisión que tomó era en base única y exclusivamente a lo que sentía, a un resentimiento gigantesco, como si el plano político lo tocaba directamente a él en el baño de su casa. Inevitablemente, Capriles tuvo que tomar un poco de eso, seguramente no hubiese tenido el apoyo que tuvo si no incluía dentro de su discurso cosas como que pensaba tomar el modelo económico de Brasil, o que el pueblo es primero. Parece poco, pero esto no hubiese estado dentro de su discurso si Chávez no hubiese sido el contrincante.

La jugada más importante de Capriles fue, sin duda, olvidarse de la política internacional que mueve al mundo, y decirle a la gente cómo y qué estaba pasando dentro del país. Fue inteligente, porque la mayoría de la gente ni tiene idea, ni le interesa saber del imperio, de oriente medio, de China o Rusia. Ya la gente vive lo suficientemente mal dentro como para estarse interesando por esas cosas. Chávez en cambio tenía un discurso global, y esto fue quizá lo más importante. No hay que hacerse los dormidos, el mundo allá afuera tiene un movimiento político constante, una modificación de discurso sobre la marcha, hay dos poderes que rigen ese movimiento y, por supuesto, Estados Unidos es uno de esos. Algunos de pronto se cansaron de ese discurso, más que nada porque jamás terminaron de entenderlo, Chávez fue alguien adelantado a su tiempo, la gente hoy dice que gracias al internet uno puede saber la verdad de lo que está pasando en el mundo, pero en el 99 cuando Chávez asumió el poder y el internet no era lo que hoy día, él ya estaba diciéndonos lo que estaba pasando y empezábamos a comprender por qué nuestros padres habían luchado y protestado. Quiero decir que, en ese sentido Hugo Chávez fue crucial para mi generación, para aquel que se haya molestado en verlo. Esa época entonces no existe en el discurso político de Capriles, y consecuente con eso, no existe y no importa que pasa fuera del país, y ni existe y ni importa que piensa hacer con eso si llega a ser presidente. Fue una jugada inteligente, porque en ese verdadero discurso que está detrás, intocable, en ese pensar de la política que rige el mundo, allí verdaderamente sabemos con quién estamos en frente. 

Entonces claro que Capriles ganó mucho más apoyo, porque realmente se dedicó a decirle a la gente lo que haría dentro del país. Realmente se tomó el tiempo de presentar ante los ojos de todos un plan de construir un país prospero y rico ante una situación en decadencia, o al menos eso hacía parecer. Pero algo le faltaba a esa candidatura, un poco más de sinceridad diría yo, en cuanto al proceder de la política internacional. Capriles desde principio no fue sincero, porque mientras mantenía un discurso social, medianamente de privatizaciones, se guardaba para él a que bando pertenecía. Y esto no es menos importante, porque estaba allí la clave de saber realmente que haría Capriles al llegar al poder. Sin irnos demasiado lejos, están allí todas las promesas y el proceder de Rajoy como candidato, y su manera de ejercer el poder después asumida la presidencia de España. Son candidatos de la mentira. 

Eduardo Galeano dijo alguna vez con aquella ironía que le caracteriza que la mentira en realidad tiene patas larguísimas, pues el pueblo de Estados Unidos re-eligió a Bush después de la gran masacre que ocasiono en Iraq. Supongo que aquel dicho de que la mentira tiene patas cortas concierne a cada persona de una manera diferente... algunos están más atentos que otros, y por tanto, las patas se alargarán o acortarán en base al espectador. A mi manera de ver, Capriles ha hecho bastante cortas éstas patas, mostrando su postura internacional que tanto le hacía falta en su discurso de candidato. Justo ahora con el conflicto en Siria. Lo que pasa allá es lo que ha pasado siempre, la historia no se puede olvidar; Estados Unidos se ingenia cualquier cosa e invade, es así de simple en realidad, no tiene gran complejidad. Que las armas químicas hayan sido usadas o no por los rebeldes es lo de menos, esas 'armas químicas' las envía occidente, como por casualidad. Hace un par de días Capriles asumió una postura ante esto con la finalidad de desprestigiar a Maduro, y comparte en su página de Facebook un estado que decía; 

"Deberían los trasnochados de este Gobierno irse a Siria a defender al carnicero de al-Assad. Inmorales preocupados por al-Assad y no se preocupan ni hacen nada por los más de 50 venezolanos que asesinan todos los días. El mundo tiene que defender los derechos humanos y castigar con todo el peso de ley a los regímenes, este Gobierno jamás entenderá de eso. Las organizaciones internacionales tienen que funcionar en situaciones de crisis o tendrán que reinventarse. Todo asesino internacional no tengan ninguna duda que será defendido por este Gobierno, ya tienen un historial en eso. La paz tiene que ser siempre el objetivo, jamás un Gobierno como el que hay en ntro país tendrá compromiso con eso. Trasnochados queremos verlos en Siria defendiendo al régimen del carnicero al-Assad,no discursos y pendejadas por tv. No crean que con estos temas de Siria y otros, los venezolanos perderemos el foco sobre el desastre de Gobierno de Maduro."


Y además líneas antes decía que "si Hitler viviera seguro que éste gobierno lo apoyaría". Las frases que enfaticé en negrillas son importantes, porque se trata de un apoyo claro y directo a la intervención militar en Siria por parte de Estados Unidos. A grandes rasgos es un desconocimiento total -o así parece- de la historia política, no solo trayendo a Hitler al discurso, si no también en apoyar algo que ya ha visto el mundo desde la guerra de Vietnam o la intervención en Iraq. Este es Capriles, y es preocupante que se refiera así a la situación actual, pues su sueño de construir el país está muy bonito, pero el sueño verdadero es alinearse a estos países fascistas y terroristas, y disfrutar de los beneficios que eso corresponda. 

No podemos pensar en como queremos decorar la casa antes de saber exactamente donde estará ubicada, y que tanto o como nos conviene hacia donde da el frente, hacia donde la parte de atrás, si será un lugar céntrico o alejado. La política internacional es la base de todo movimiento político nacional. Eso no puede negarse o taparse en el discurso de un candidato a la presidencia de la república, y mucho menos hoy día.

Lo que en realidad tiene peso es que hoy día en la política Venezolana, y esto en gran parte gracias a Hugo Chávez, es que hay un gran dilema en ¿De que lado estoy bien?, ¿En que lado soy justo y soberano?, ¿De que lado respeto la patria, y que tanto importa eso?. Y es que, o somos parte del orden mundial sin importar que pasa adentro, como haya hecho Rajoy o como en parte lo hiciera Chávez, ambos -claramente- desde esquinas opuestas, (y que con esto no quiero decir que no haya desempeñado un papel importante en cuanto a materia social se refiere), o nos detenemos a construir el país en base a ese orden. Así como bien lo ha logrado Correa en Ecuador, o Mujica en Uruguay.

En realidad, el descenso de Capriles es un poco más omnipresente y de fe. Chávez fue endiosado por su propio coraje, Capriles en cambio, se le ha sabido construir -o hasta quién sabe, financiar- ese coraje. Al final del día no hay que olvidarnos, como decía Enrique Congrains en su expediente negro sobre el asesinato de Kennedy, que el que está allá arriba siempre está, aún a su pesar, pisoteando intereses y susceptibilidades arraigadas. Y si además de estar allá arriba, está del lado de los terroristas y fascistas del mundo, estamos peor que cuando empezamos. El Chavismo ha podido ser la mejor de las bendiciones para el pueblo venezolano, que el poder caiga en manos de Capriles porque simplemente nadie se molestó realmente en levantar el país con esa bandera, sería muy lamentable; por ahora, se nos ha quedado sin opciones el marco de la política Venezolana.



domingo, 16 de junio de 2013

Eduardo Galeano y su historia casi universal.

Traigo acá un fragmento para reflexionar. Extraído del libro de Eduardo Galeano 'Espejos. Una historia casi universal'. Un libro que vale la pena, más allá del humor negro con el que Eduardo acostumbra a contarnos la historia que se nos ha contado ya, cientos de veces, de maneras absurdas. Este libro es en sí una verdadera Biblia, que no solo osa hablar de religión, si no también de la invención, de quién se quiso hacer acreedor de la creación del mundo moderno, de nuestros mares, nuestros ríos, nuestros proverbios, nuestros mundos escondidos, no relatados. Seguramente estaré compartiendo más de éstas páginas pronto... pues tiene mucho de lo que tanto nos preguntamos muchos, desde un punto de vista que peca de certero, y aunque la certeza sea siempre relativa, ésta quizá es a lo lejos, la más cercana.

Marco Polo.

Estaba preso, en Génova, cuando dictó su libro de viajes. Sus compañeros de cárcel le creían todo. Cuando escuchaban las aventuras de Marco Polo, veintisiete años de viajes por los caminos de Oriente, todos los presos se escapaban y viajaban con él.
Tres años después, el prisionero veneciano publicó su libro. Publicó es un decir, porque la imprenta no existía en Europa. Circularon algunas copias, hechas a mano. Los pocos lectores que Marco Polo encontró no le creyeron ni una palabra.

Alucinaba el mercader: ¿así que las copas de vino se alzaban en el aire sin que nadie las tocara, y llegaban a los labios del gran Kan? ¿Así que había mercados donde un melón de Afganistán era el precio de una mujer? Los más piadosos dijeron que no estaba bien de la cabeza.
En el mar Caspio, camino del monte Ararat, este delirante había visto aceites que ardían, y había visto rocas que ardían en las montañas de China. Sonaba por lo menos ridículo eso de que los chinos tenían dinero de papel, billetes sellados por el emperador mongol, y barcos donde navegaban más de mil personas. Sólo carcajadas merecían el unicornio de Sumatra y las arenas cantoras del desierto de Gobi, y eran simplemente inverosímiles esas telas que se burlaban del fuego en los poblados que Marco Polo había encontrado más allá de Taklinakán.
Siglos después, se supo: 
los aceites que ardían eran petróleo;
las piedras que ardían, carbón; los chinos usaban papel moneda desde hacía quinientos años y sus buques,
diez veces más grandes que los buques europeos, tenían huertas que daban verduras frescas a los marineros y les evitaban el escorbuto; el unicornio era el rinoceronte;
el viento hacía sonar las cumbres de los médanos en el desierto; y eran de amianto las telas resistentes al fuego.
En tiempos de Marco Polo, Europa no conocía el petróleo, ni el carbón, ni el 
papel moneda, ni los grandes buques, ni el rinoceronte, ni las altas dunas, ni el amianto.

¿Qué no inventaron los Chinos?


Allá en la infancia, supe que China era un país que estaba al otro lado del Uruguay y se podía llegar allí si uno tenía la paciencia de cavar un pozo bien hondo. 
Después, algo aprendí de historia universal, pero la historia universal era, y sigue siendo, la historia de Europa. El resto del mundo yacía, yace, en tinieblas. China también. Poco o nada sabemos del pasado de una nación que inventó casi todo. La seda nació allí, hace cinco mil años.
Antes que nadie, los chinos descubrieron, nombraron y cultivaron el té. Fueron los primeros en extraer sal de pozos profundos y fueron los primeros en usar gas y petróleo en sus cocinas y en sus lámparas.
Crearon arados de hierro de porte liviano y máquinas sembradoras, trilladoras y cosechadoras, dos mil años antes de que los ingleses mecanizaran su agricultura.
Inventaron la brújula mil cien años antes de que los barcos europeos empezaran a usarla.
Mil años antes que los alemanes, descubrieron que los molinos de agua podían dar energía a sus hornos de hierro y de acero.
Hace mil novecientos años, inventaron el papel.
Imprimieron libros seis siglos antes que Gutenberg, y dos siglos antes que 
él usaron tipos móviles de metal en sus imprentas.
Hace mil doscientos años inventaron la pólvora, y un siglo después el cañón.
Hace novecientos años, crearon máquinas de hilar seda con bobinas movidas a pedal, que los italianos copiaron con dos siglos de atraso.
También inventaron el timón, la rueca, la acupuntura, la porcelana, el fútbol, los naipes, la linterna mágica, la pirotecnia, la cometa, el papel moneda, el reloj mecánico, el sismógrafo, la laca, la pintura fosforescente, los carretes de pescar, el puente colgante, la carretilla, el paraguas, el abanico, el estribo, la herradura, la llave, el cepillo de dientes y otras menudencias.