Wednesday, March 30, 2016

Abuela.

Abuela, hace mucho tiempo que, por costumbre no me refiero a ti con ese sustantivo. Pero hoy tal palabra no solo posee sustancia, si no también, el atributo de lo fijo de un sustantivo como lo fijo de mi sentimiento por ti. La distancia nos ha enmarcado de silencio, cuando siempre estuve allí para escucharte y hablarte; desde niño, tus oídos siempre estuvieron dispuestos a mis narraciones. Soñé ésta noche contigo, hace mucho que no recibo tu abrazo, y hace mucho que lo extraño. Mira, hoy te escribo estas líneas, procuro ser tan pulcro y entretenido como tantas otras líneas que leíste en tu vida, procuro ser tu atención, cual novela recién comprada para ti de la mano de alguna de tus hijas. En mi sueño de anoche, tu te preparabas para partir de éste mundo, imposible no recordar, muy agradablemente, que quizá desde las navidades de 2004 nos decías, que quizá las próximas no estarías aquí. Que sorpresa te ha dado la vida, quién sabe realmente por qué, pero ya más de 90 ciclos has experimentado del mundo. Fuiste testigo del país que hoy todos soñamos, viste caer aquel sueño y lo viste alzarse una y otra vez en toda nuestra historia. Ayudaste a los otros, serviste a tu comunidad. Leíste miles de líneas, viviste lujos culposos, pero quizá lo más resaltante para mi, fue tu manera de estar allí para mí. Siempre disfruté tu compañía por sobre muchas cosas, me gustaba acompañarte al mercado, a la panadería, a pagar cuentas… cuando todavía tu cuerpo te lo permitía. Siempre anduve de tu mano abuela, nunca la soltaba. De todo un poquito, en casa, te ayudaba con lo que podía. Me llevabas a tus caminatas por la tarde, en Caracas o en Ciudad Bolívar. Me escuchaste los cuentos de Disney. Me cocinaste huevo con carne molida y arroz. Me inculcaste disciplina autoritaria. Me enseñaste las tablas de multiplicar. ¿Recuerdas abuela? cuando algo te dibujaba. Te dibujé el pico Bolívar en cinco páginas, después de mi primer viaje a Mérida, que colgaste junto a aquel rosario de madera en le que recuerdo gasté 10 bolívares para regalarte. Abuela, mi respeto por ti es profundo, porque fuiste mi primer mundo externo. En aquel viejo revistero de madera en tu estrambótica sala, recuerdo mi primera vez interesado en el mundo, cuando veía aquellos libros de Jerusalem. Hace más de 60 años quizá, y perdona si equivoco fechas, pisaste suelo de medio Oriente, yo hoy día me como un shawarma cada semana. Es lindo tenerte en este mundo, incluso por el solo hecho de representar una especie de estacionamiento en el tiempo. Nos has visto a todos, crecer y ser, eres testigo, eres libro que imprime lo que fuimos y lo que somos… eres pilar, Pilar. Mi respeto por ti es profundo, es extenso, lleno de luces varias, de momentos únicos, verdaderos, no perecederos, cálidos. Mi respeto está aquí, dentro de mí, de estas líneas, de cada que pienso en ti. Abuela, si mañana vas a dormir y al día siguiente no puedes abrazarme más, quiero que sepas que siempre te he amado con todo mi corazón, que eres color que no se destiñe en el tiempo, que tu calidez es sensación que siempre trae paz a mi alma, que siempre te recuerdo con tu bata de dormir en tu rutina, que siempre quise defenderte de mi hermano Jesús cuando perdía la paciencia contigo, pero no me atrevía yo siendo muy niño. Quiero decirte que, la vida me ha regalado placeres que incluso jamás soñé, que aquel niño que te contaba historias ha contado miles más y ha escrito la suya propia, y que soy feliz, tan feliz como el final de esos cuentos. Lamento no llegar a casa cada tarde y hablar contigo unos minutos, yo sé que es duro, dime abuela ¿Quién más entraba a tu cuarto a sentarse contigo en la cama frente al televisor? Hay cosas que son irremplazables, y quiero que sepas hoy que, sin pensarlo si quiera un segundo, tu eres de esas cosas que se van a quedar en mi alma para siempre. Gracias por todo lo que siempre fuiste para mí, gracias por la confianza, el respeto, la atención. Te extraño, y te mando un abrazo. Aunque esté lejos, recuerda quien fui contigo, recuérdame y llévame en tu corazón, que yo en el mío te tengo como elemento purificador. 

Antes de despedirme quiero decirte que, a tu hija erudita, mi madre, le debemos este maravilloso sentimiento. No importa cuanto ustedes puedan no entenderse a veces, ella siempre procuró tu existencia en nuestras vidas. Ahora que también ella se te va, abrázala muy fuerte, y abrázala por mí, porque lo que nos ata son cadenas imposibles de romper, cadenas de lo más irremediable del universo, la explosión de una estrella creo el mundo, ese mundo le dio ácido sulfúrico a previos habitantes, ese mundo le dio oasis masivo a dinosaurios, ese mundo le otorgó a los continentes, países, esos países le otorgaron a su gente, guerras, y la guerra te disparó un italiano, y con el italiano, mi madre, y con mi madre yo. Mira bien abuela mía, mira bien sus ojos, no es solo tu hija, es esa estrella.