Wednesday, February 22, 2012

El templo y yo.

Ayer subí al piso 8 de la pagoda del templo Kek Lok Si, al norte de la isla de Penang. Su arquitectura China-Hindú-Islámica me resultó impresionante. Cientos de personas pasaron por ahí contruyendo todo aquello desde 1890, 20 años tardó en construirse solo con el afán de dejar un mensaje, una palabra, un ejemplo a seguir, un compartir... e incluso hoy, alejado del egoísmo en el que se desenvuelven las religiones, se sigue ampliando. La pagoda tenía miles de budas en su interior cubriendo las paredes, vigilando las estrechas escaleras que miraban fijamente ese camino hacia el cielo... subí hasta la cima y miré el mar del estrecho de Malaca a lo lejos y pensé... "que lejos estoy"... y que agradecido con la vida que tengo. Mientras abajo muchas personas encendían inciensos y rezaban a Buda, Kuan Yin o cualquier otro de los Dioses del templo, yo arriba me dediqué a preguntarme a quién le debía tantas cosas... y entonces parecí darme cuenta casi en el instante, y una vez más, que no se lo debo a nadie... porque si no hubiese descubierto Asia, y si nunca me hubiese interesado en viajar tan lejos, hubiese estado igual de agradecido viviendo otras cosas. Creo que, somos agradecidos en la medida de lo interesados en el mundo... y no me refiero a viajar y conocer culturas, me refiero al mundo como un todo, desde las palomas que sobre vuelan la plaza Altamira en Caracas, hasta el perro sin dueño que se pasea a las afueras del templo Hemji en Japón, desde el Ávila hasta el Everest, desde la gente buena que nos hacen quererlas casi automáticamente, hasta la gente mala que nos enseña tantas cosas... todo, lo que podemos o no podemos vivir.

El ser humano a través de los siglos ha querido encontrarle la respuesta a lo inexplicable y lo desconocido, sin percatarse que precisamente en lo irreal e inexplicable está la divinidad, esa paz y  encuentro furtivo con uno mismo. Está bien no darle nombre a ciertas cosas, no manchar algo tan puro con el deseo humano de encasillar, para eventualmente poder tener control sobre eso... Mientras cada religión en su búsqueda hacia la felicidad precisó un Dios, un hijo del Dios, un discurso y un rezo... mi alma allí, 8 pisos por encima de un templo sobre una montaña en una pequeña isla del sudeste asiático, precisó un diálogo conmigo, que solo yo a través de momentos a solas podré escuchar. Yo soy Buda, Mahoma, Cristo, Siva... quién sea, siempre he sido yo contra el mundo, y solo yo me tracé y trazaré metas que solo yo podré cumplir... si las cumplo, llegaron a mí porque lo intenté, porque hice lo posible por tenerlas en frente y saborearlas, nadie desde el cielo o a través de rezos me regaló la oportunidad de vivir las cosas, éstas no están allí para explicármelas... están allí para que las disfrute. Tengo tanta fe y corazón puestos en el futuro que me he olvidado por completo de las expectativas, deseo con fuerza muchas cosas, pero sé que se darán en la medida de mis posibilidades, habilidades y talentos. Tampoco la vida se mueve en torno a uno, y existe gente y situaciones que cambian nuestro destino... pero, las metas siempre están encima de nosotros, pueden cambiarse de lugar, de color, de tamaño, pero siempre estarán allí dispuestas a ser alcanzadas, desprendidas del egoísmo de no dejarse tener.

Por último, estoy seguro que Buda, ese hombre al que hoy tanta gente le profesa amor, nació de esta manera... sentado en alguna montaña de Nepal, contemplándose a el mismo, lo que eventualmente hizo que alguien admirara su certeza, su palabra, y su divinidad. Todos tenemos la capacidad de ser divinos, pero en nosotros está seguir la divinidad de unos, o descubrir la nuestra.

David Jesús; DavidKiDuk.